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Alberto Simoncini: “Cuando nos permitimos desmoronarnos, descubrimos quiénes somos realmente y qué es lo que queremos construir a partir de ahí”

Alberto Simoncini nació en Italia y se trasladó a Barcelona en 2006, donde lleva 17 años ejerciendo como terapeuta especializado en procesos de duelo y acompañamiento en la fase final de la vida. Una enfermedad crónica desde su adolescencia, y sus experiencias personales le han llevado a profundizar en la psicología, la filosofía y la espiritualidad. Entrevistamos a Alberto con motivo de la publicación de la 3ª edición de su libro El coraje de romperse, en el que ofrece una perspectiva compasiva con respecto a la pérdida, al sufrimiento, al romperse para volver a reconstruirse, al rendirse conscientemente a lo inevitable, para afrontar la vida con menos juicio y con más serenidad.

El título de tu libro, El coraje de romperse, invita a reflexionar sobre nuestra relación con las pérdidas y las crisis. ¿Por qué crees que es necesario enfrentarlas en lugar de evitarlas?

Es importante enfrentar el sufrimiento provocado por las pérdidas porque sufrir es inevitable, y porque en cada enfrentamiento aprendemos algo sobre nosotros mismos y sobre el dolor.

Mencionas que romperse puede ser el primer paso para reconstruirse. ¿Qué aspectos de nosotros mismos suelen emerger cuando atravesamos un proceso de duelo o pérdida profunda?
Cuando atravesamos un proceso de duelo, suelen aflorar lo mejor y lo peor de nosotros. Entiendo por “peor” aquellas facetas que, en el día a día, hemos aprendido a ocultar o disfrazar. Sin embargo, cuando sufrimos no tenemos fuerzas para fingir, y al mismo tiempo nos sentimos libres de ser realmente quienes somos. La reconstrucción implica revisar todos estos elementos de nuestra personalidad. Puede que deseemos volver a la vida de antes, o que el duelo se convierta en un punto de partida a partir del cual decidamos integrar aspectos nuestros que habíamos dejado encerrados en un cajón.

Has trabajado acompañando a personas en procesos de duelo. Según tu experiencia, ¿cuáles son los mayores retos emocionales que enfrentan y cómo propones abordarlos?

Acostumbramos a vivir con la ilusión de que todo debe seguir igual que siempre. Pero no es así, y lo sabemos, aunque nos dé miedo. Una pérdida importante equivale a una gran bofetada que despierta. En potencia, ya estamos todos muertos. La verdadera pregunta es: ¿cuándo me pasará a mí? ¿Cuándo les pasará a mis seres queridos? Abrazar la verdad nos reconecta con la urgencia de vivir, con la conciencia de que la experiencia tiene un tiempo limitado. El gran reto emocional es aprender a vivir pensando en la muerte y amando la vida ahora, mientras la estamos viviendo. Estas reflexiones forman parte de un camino espiritual profundo, capaz de resignificar la existencia y de seguir hilando poesía incluso en los momentos más duros. Sin camino espiritual, el duelo corre el riesgo de convertirse en un proceso mecánico, automático, problemático.

En el libro hablas del “looping frame”, esas memorias de dolor que quedan atrapadas. ¿Cómo impactan estos bucles en quienes han sufrido una pérdida importante y qué estrategias propones para liberarse de ellos?

Las memorias cargadas con emociones traumáticas intensas permanecen activas y se reactivan cada vez que un estímulo externo pone en alerta a la persona que las contiene. Estos bucles pueden convertirse en un obstáculo a la hora de vivir con serenidad. Para abordarlos, propongo un trabajo imaginativo y altamente efectivo, en el cual el ingrediente principal es el amor.

Antes de continuar…

Los procesos de duelo y crisis suelen activar nuestro ego como mecanismo de defensa. ¿Cómo podemos evitar que el ego nos sabotee mientras transitamos estas experiencias?

El ego es preciso, conservador, repetitivo. Se obsesiona con todo lo que considera potencialmente peligroso o amenazante. Todos hemos experimentado esos pensamientos que no logramos borrar de la mente, que vuelven una y otra vez, sin cesar. La única manera de educar al ego es permanecer en el presente. No permitirle saltar entre las memorias del pasado y las proyecciones del futuro. Presente. Nada más, nada menos. Y esto podemos cultivarlo a través de la meditación, de los mantras o de actividades que requieran nuestra plena presencia en cada instante.

La resiliencia es clave en tu libro. ¿Qué diferencia a una persona resiliente en su manera de afrontar el duelo de quien se queda atrapado en el sufrimiento?
La persona resiliente sabe por dónde tiene que pasar. Conoce el sufrimiento y no huye. Sabe que hoy toca sufrir, caer y romperse, y que habrá un mañana en el que podrá recoger los frutos de ese camino de dolor. Frutos que permiten vivir a pesar de lo vivido. Frutos que permiten vivir de un modo nuevo gracias a lo vivido. Frutos que permiten, una vez más, conectar con el amor.

En el contexto del duelo, propones herramientas prácticas como el método G.R.A.F. ¿Cómo puede esta técnica ayudar a alguien que siente que ha perdido el rumbo después de una gran crisis?

Llamar a las cosas por su nombre e imaginar nuestras experiencias de una forma diferente y original puede transformar por completo la narrativa de lo que estamos viviendo. El método G.R.A.F. es un artilugio mental que nos permite modificar nuestra percepción y, por tanto, nuestra actitud.

El triángulo dramático (víctima, salvador, verdugo) que describes en el libro parece especialmente relevante en momentos de crisis. ¿Qué recomiendas para evitar quedar atrapado en estos roles durante un duelo?

La clave está en mirarnos, reconocer nuestras emociones y pensamientos, validarlos y, finalmente, tener mucha compasión con nosotros mismos. El sufrimiento surge de la percepción de injusticia y se mantiene activo porque rechazamos ese mismo sufrimiento.
La compasión hacia uno mismo permite aceptar que sentimos esa injusticia, aceptar que no queremos sufrir y, por último, rendirnos por completo al sufrimiento.

Hablas del concepto de “paciencia infinita con uno mismo” como un camino hacia la sanación. ¿Qué significa en el contexto de aceptar el sufrimiento de una pérdida?

La paciencia infinita es compasión sin límites, sin juicio ni etiquetas hacia uno mismo. Es aceptar que la vida es una experiencia inexplicable en la que, sin embargo, tenemos la suerte de poder vivir ciertas vivencias. Aceptar que tenemos derecho a equivocarnos y que la otra cara del error es el aprendizaje. Cuando nos volvemos más flexibles, bondadosos y generosos con nosotros mismos, las pérdidas dejan de ser piedras inmensas que impiden el paso. Se convierten en piedras inmensas que nos invitan a buscar otro camino, otra forma de andar, o incluso que nos enseñan a volar.

Finalmente, ¿qué esperanza o mensaje quisieras transmitir a quienes están atravesando un proceso de duelo o una crisis y leen tu libro en busca de guía y consuelo?

Creo que el mensaje más importante es: recuerda que morirás. Por lo tanto, vive. Vive ahora, en cada instante de tu día. Cada día. Vive con amor, con gentileza, con generosidad. No busques la felicidad: ya la tienes dentro de ti, y se llama serenidad. Y la serenidad es paz, calma, ausencia de conflicto. Así que identifica aquello que te provoca conflicto. Si puedes quitarlo de tu camino, atrévete y hazlo. Y si no puedes, sé creativo: busca la forma de convivir serenamente con aquello que está en tu vida, aunque preferirías lo contrario.

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